filosofia 11

Tuesday 22 february 2 22 /02 /Feb 03:56

FRASES DE DESCARTES

 

ACTIVIDAD.

 

LEER CADA UNA DE LAS FRASES Y EXPLICARLAS DICIENDO A QUÈ CAMPO DEL CONOCIMIENTO SE REFIEREN

 

 

1.   Es prudente no fiarse por entero de quienes nos han engañado una vez.

 

2.   Daría todo lo que sé, por la mitad de lo que ignoro.

 

3.   Vivir sin filosofar es, propiamente, tener los ojos cerrados, sin tratar de abrirlos jamás.

 

4.   Dos cosas contribuyen a avanzar: ir más deprisa que los otros o ir por el buen camino.

 

5.   El bien que hemos hecho nos da una satisfacción interior, que es la más dulce de todas las pasiones.

 

6.   No hay nada repartido de modo más equitativo que la razón: todo el mundo está convencido de tener suficiente.

 

7.   La matemática es la ciencia del orden y la medida, de bellas cadenas de razonamientos, todos sencillos y fáciles.

 

8.   La multitud de leyes frecuentemente presta excusas a los vicios.

 

9.   Abrigamos una multitud de prejuicios si no nos decidimos a dudar, alguna vez, de todas las cosas en que encontremos la menor sospecha de incertidumbre.

 

10.               La filosofía es la que nos distingue de los salvajes y bárbaros; las naciones son tanto más civilizadas y cultas cuanto mejor filosofan sus hombres.

 

 

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Tuesday 8 february 2 08 /02 /Feb 15:52

 

ACTIVIDAD

 

LOS IDOLOS DE LA MENTE

 

1. LEER CUIDADOSAMENTE EL GRÁFICO LOS ÍDOLOS DE LA MENTE.

2. EXPLICAR DE ACUERDO CON LO LEÍDO EN EL TEXTO DE FRANCIS BACON Y CON SU OPINIÓN PERSONAL QUÉ  SON LOS ÍDOLOS DE LA MENTE. (En el cuaderno)

3. DAR EJEMPLOS DE LA VIDA REAL DE CADA UNO DE LOS ÍDOLOS DE LA MENTE. (En el cuaderno)

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Wednesday 2 february 3 02 /02 /Feb 18:00

Francis Bacon (1561-1626)

El proyecto fundamental de Bacon es: "establecer y extender el dominio de la humanidad sobre el universo (...) lo cual, depende, por entero, tanto de las artes como de las ciencias. Porque no podemos dominar la naturaleza sino obedeciéndola" Novum Organum, Bacon

En su utopia La Nueva Atlántida, Bacon aspira a una reforma de la sociedad a través de la ciencia aplicada, para lo cual, será necesario, en primer lugar, iniciar una revisión de los objetivos y los métodos científicos.

La particularidad del humanismo de Bacon es que se trata de un humanismo técnico porque "la introducción de famosos descubrimientos ocupa, con mucho, el primer lugar entre las acciones humanas" y beneficia más que cualquier reforma social o política. Pero solo es posible dominar la naturaleza conociendo su estructura y sus leyes, la técnica no es posible sin un conocimiento previo de la realidad a través de la ciencia. De otra forma, los inventos no son mas que casualidades. Así, los descubrimientos científicos y sus aplicaciones son más útiles en cuanto abren las puertas para nuevos hallazgos. Bacon se refiere a la importancia del método científico de descubrimiento, el cual desarrolla en su obra Novum Organum

El método inductivo

Sería erróneo sostener que Bacon creó el método inductivo, en efecto, este método fue utilizado por los primeros filósofos griegos, pero Bacon ve en la inducción de los antiguos solo una suerte de "anticipación" de la Naturaleza. Además, era una inducción que procedía por "simple enumeración", deficiencia que Bacon llega a puntualizar e intenta corregir. Sin embargo, Bacon, sin llegar a captar el valor de las matemáticas que se desarrollaban entre los grandes científicos de su época, no consiguió perfeccionar su método harto complejo.

El mérito de Bacon es, sin lugar a dudas, el haber luchado por la aplicación práctica del conocimiento científico, dando lugar al desarrollo de la tecnología en función de una mejor calidad de vida para la humanidad.

Crítica a la lógica aristotélica

Destaca Bacon que los caminos para alcanzar la verdad son dos:

1. Las anticipaciones de la naturaleza

Se trata pues, de un sendero precipitado y erróneo porque va de las impresiones sensoriales y a los axiomas más generales y, partiendo de estos principios y de lo que se cree como verdad inmutable en ellos, a la discusión y el descubrimiento de los axiomas medios. En este sentido, la lógica aristotélica "sirve más para fijar y consolidar errores fundados en nociones vulgares, que para inquirir la verdad" Novum Organum, Bacon

2. Interpretación de la Naturaleza

Supone escapar de los axiomas sensoriales y de los de los hechos particulares, para llegar a principios más generales. Esta opción es mucho más lenta y progresiva y vale para establecer los principios que rigen la Naturaleza. Se refiere Bacon al método inductivo

En síntesis, la diferencia no se basa en utilizar o no la experiencia sino en que la lógica aristotélica no alcanza a la Naturaleza real sino que solamente la "anticipa", porque produce un salto hacia principios más generales, por lo cual solo se refiere a la "experiencia pasada". Además se utiliza una experiencia superficial, unos pocos hechos particulares y si se presenta algún hecho que no responde a los axiomas obtenidos de forma precipitada, se realiza alguna excepción frívola en vez de realizar una corrección del axioma contradicho por el caso particular.

Bacon opina que hay algo en nuestra mente que nos inclina a elegir el error y el camino más fácil, por eso, antes de iniciar el método de la interpretación de la naturaleza, es necesario eliminar los prejuicios (los ídolos de la mente).

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Tuesday 25 august 2 25 /08 /Ago 05:45

 Federico Nietzsche


El superhombre

El estudio de la moral le interesa a Nietzsche en cuanto que ésta revela los modos concretos en que se realiza la voluntad de poder de un pueblo o una cultura. El hecho moral no le importa por sí mismo, sino como síntoma de determinadas actitudes ante la vida.

En realidad la moral no tiene un fundamento objetivo, nada es por sí mismo bueno o malo, ni lo que llamamos bueno o malo es siempre lo mismo. La decisión sobre una tabla determinada de valores corresponde exclusivamente al hombre, pero no es una decisión racional (la justificación racional de la moral es sólo una mascarada) sino que refleja siempre el dominio de unos instintos sobre otros. Nietzsche llama transvaloración de la moral precisamente al cambio de este dominio, es decir, la transvaloración implica una inversión de la relación de dominio: los instintos dominantes pasan a ser dominados y viceversa.

La primera transvaloración

           La moral judeocristiana constituye la primera transvaloración que conocemos en el seno de la cultura occidental. Representa el triunfo de los instintos más débiles sobre los más fuertes, el dominio de las fuerzas reactivas que niegan la vida, la derrota de una “moral aristocrática o de los señores” por una “moral de esclavos”.

            Esto nos plantea dos cuestiones previas que debemos aclarar: ¿Qué significan para Nietzsche los términos “esclavo” y “señor”? ¿Cómo es posible que los instintos más débiles dominen sobre los más fuertes?

             “Esclavo” y “señor” no son términos que designen categorías sociopolíticas, pues son los esclavos quienes han detentado el poder hasta ahora, sino que se refieren a otro tipo de jerarquía. Nietzsche llama “esclavo” a aquél en el que triunfan las fuerzas reactivas, que son aquellas que tienen afinidad con la voluntad de nada (niegan la vida) y que su cualidad esencial consiste en negar las fuerzas activas. Denomina “señor” a aquél en quien dominan las fuerzas activas, a saber, aquéllas que se nutren de sí mismas, que afirman la vida, pues afirman su diferencia y encuentran placer en ello.

             Desde la perspectiva nietzscheana el esclavo no deja de ser esclavo aunque alcance el poder, seguirá siéndolo mientras que en él dominen las fuerzas reactivas. Cualquier forma de poder, tal como se ha entendido hasta ahora, es el poder del esclavo, la forma como éste entiende el poder. En este sentido es evidente que quienes ostentan o luchan por el poder político y económico son esclavos. Sólo así puede entenderse la crítica de Nietzsche al poder político y económico de su época.

             En la moral cristiana los instintos más débiles dominan sobre los más fuertes. El esclavo no triunfa por su propio poder sino porque resta poder al señor y así ocasiona un devenir reactivo de todas las fuerzas o lo que es lo mismo un envenenamiento generalizado de la vida. La inversión moral que la moral de los esclavos lleva a cabo supone un trastrocamiento de la jerarquía: todo lo que elevaba la vida (el riesgo, la aventura, la pasión, la lucha, la afirmación de la diferencia o el orgullo de la propia fuerza, etc.) es ahora considerado despreciable y todo lo que la niega y la hace descender (la tranquilidad de espíritu, el control de las pasiones, la negación de la propia individualidad y la exaltación del rebaño, la renuncia a luchar, etc.) representan los valores supremos. En conclusión, la transvaloración de la moral que llevan a cabo los esclavos constituye el comienzo del dominio del nihilismo, del triunfo de la voluntad de nada.

             La moral de los señores es afirmadora, en ella el “sí” es lo originario, un primer motor, la negación surge como sombra, como algo secundario, como privación de lo afirmativo. En cambio, en la moral de los esclavos lo originario es el “no”, pues nace del resentimiento que no es una acción espontánea, sino una reacción frente a un “otro”. Esta moral sólo se constituye como oposición y como negación de un mundo de valores ante los que se muestra impotente. El esclavo, al no poder alcanzar un dominio sano del mundo natural levanta difamaciones contra él e invierte la jerarquía de los valores: a lo débil y enfermo lo llama “bueno” y a lo fuerte y sano lo llama “malo”.

 

La segunda transvaloración: el superhombre

              La superación del nihilismo, que no puede ser lograda por el hombre actual constituirá la segunda transvaloración, de nuevo el triunfo de una moral de señores: la moral del superhombre o la superación de la moral tal como se ha entendido hasta ahora.

             Pero ¿cómo se supera el nihilismo? Como ya vimos las fuerzas reactivas son poderosas, se resisten a desaparecer y reaparecen de nuevo bajo una y otra forma. Su último reducto, en el límite de su extinción, es el hombre que quiere perecer. Él representa el último episodio del nihilismo, no ya una voluntad de nada sino la ausencia misma del querer.

            Bajo el dominio de la voluntad de nada toda acción se convierte en reacción, por lo tanto para que se dé una transvaloración de la moral es necesario cambiar el elemento sobre el que ésta ha pivotado hasta ahora, es decir, hay que sustituir la negación por la afirmación. Todo lo que antes se reconocía como negativo (el devenir, la muerte, el azar, lo múltiple, etc.,) se tendrá que reconocer como afirmativo.

            La autodestrucción del hombre que quiere perecer se hace activa porque en él lo negativo se transforma en poder afirmativo, su misma voluntad de perecer está al servicio de lo afirmativo, es ya el anuncio del superhombre.

            Respecto a la figura del superhombre hay que destacar, en primer lugar, que no es posible hacer una conceptualización precisa y acabada de esta idea, pues Nietzsche considera que el tipo humano más elevado a que podemos aspirar los hombres actuales es el “hombre que quiere perecer”. En consecuencia, el superhombre es una imagen proyectiva, una utopía en el sentido etimológico del término. Por eso dice Nietzsche de la obra en la que anuncia el superhombre (Así habló Zaratustra) que es un libro para todos y para ninguno. No hay que confundir, nos dice Nietzsche el superhombre con el "hombre superior" ya que éste todavía representa al "viejo hombre"


            El superhombre no es un estadio superior de la evolución de la humanidad que esté previamente determinado, más bien habría que entenderlo como el tipo humano que al ser consciente del camino que ha recorrido a ciegas, recupera su auténtica libertad e independencia. En realidad, siempre ha sido el hombre el único creador de valores, pero bajo el dominio del nihilismo no se reconoce como tal, pues los valores nihilistas expresan una voluntad de nada que impide el autorreconocimiento del creador en cuanto son valores mediante los cuales se niega a sí mismo.


            Pero una vez consumada la muerte de Dios, el superhombre supone la restitución al hombre de su capacidad de crear valores. No debemos pensar que Nietzsche coloca al superhombre en el lugar de Dios ya que éste sólo significa lo negativo del hombre; lo que posibilita la muerte de Dios es la afirmación gozosa del sentido de la tierra. Muerto Dios, el hombre (superhombre) es restituido a la tierra a la que nunca debió renunciar.


            El superhombre implica una nueva actitud ante la vida, una nueva manera de sentir para la cual no poseemos referencias, pues se trata de un tipo humano diferente al actual, que no podemos concebir con claridad porque estamos todavía inmersos en el nihilismo; una nueva manera de valorar, no un simple cambio de valores, sino un cambio en la voluntad creadora de valores, que pasa a ser afirmativa.

            Nietzsche alude al superhombre en la figura del “niño”, última metamorfosis del espíritu:

             

             El niño como metáfora del superhombre nos indica cómo éste no percibe la existencia como una carga, como reparación de una ofensa, sino como puro juego sin ninguna finalidad trascendente. Esta ausencia de finalidad es lo que llama Nietzsche la “inocencia del devenir” o “una rueda que se mueve por sí misma”. En ese sentido, la voluntad del superhombre quiere el eterno retorno y no lo experimenta como un motivo de náusea sino como lo que posibilita su máxima afirmación de la vida. Como hemos indicado antes sólo en la afirmación del eterno retorno expresa la voluntad de poder su máxima afirmación. Pero, ¿cuál es el significado de esa afirmación, de ese “santo decir sí?”...


             En definitiva, la afirmación del superhombre significa:

  

"En verdad, una sucia corriente es el hombre. es necesario ser un mar para poder recibir una sucia corriente sin volverse impuro.
Mirad, yo os enseño el superhombre: él es ese mar, en él puede sumergirse vuestro gran desprecio". (Nietzsche: Así habló Zaratustra, Prólogo, 3)

“Inocencia es el niño, y olvido, un nuevo comienzo, un juego, una rueda que se mueve por sí misma, un primer movimiento, un santo decir sí Sí hermanos míos, para el juego del crear es preciso un santo decir sí: el espíritu quiere ahora su voluntad, el retirado del mundo conquista ahora su mundo.” (Así habló Zarrapastra, “De las tres transformaciones”)
• La inocencia de la voluntad. La voluntad quiere su propio deseo, éste es su bien absoluto, más allá del bien y del mal, lo que supone la destrucción de toda moral y de todo sentimiento de culpa.
• La afirmación del individuo viviente, concebido como cuerpo no escindido de lo espiritual, que integra lo instintivo, el deseo, la lucha, el peligro, la aventura, la diferencia etc.
• La concepción de la razón como mero instrumento de la vida, al servicio de ésta y con la función de potenciarla. O, lo que es lo mismo, el sometimiento consciente de la voluntad de verdad a la voluntad de querer.
• La aceptación del caos, del azar, de la creación, de la destrucción, de la multiplicidad..., es decir, de la vida tal como se manifiesta.
• El reconocimiento de uno mismo como creador de valores, entendiendo esta creación como juego, como expresión de una voluntad libre y arbitraria.
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